
Los domingos son sinónimo de pastas o asadito, de acuerdo a las preferencias y a la procedencia de la prole argentina en cuestión. Pero, fundamentalmente, los domingos son sinónimo de fútbol en esta porción de este territorio sudamericano. Se descansa (¿se descansa?)frente al televisor o siguiendo los grandilocuentes relatos radiales que narran el minuto a minuto de todas y cada una de las instancias antes, durante y después que rueda la pelota.
En estos días donde el planeta se ha ajustado los cinturones debido a una crisis económica generalizada, los clubes de fútbol argentinos analizan minuciosamente el mercado de pases y las distintas alternativas que sus arcas le permiten concretar. Algunos más, otros menos, todos las instituciones que conforman la primera división de nuestro bienamado "calcio", han incorporado de acuerdo a sus posibilidades.
Sin embargo, no todos los domingos revisten ese carácter popular y, en algunas oportunidades, algún rincón del globo deslumbra al resto por su fastuosidad. Fue el caso de la entrega de los Oscar de la pasada domenica, donde bajo los vestidos y trajes de incalculable costo que desfilaban por la alfombra roja, se encontraban millones de dólares en singulares estrellas.
Los pronósticos y las apuestas se encuentran a la orden del día también en el mayor de los acontecimientos del séptimo arte. Así, El curioso caso de Benjamin Buttom, se perfilaba como la favorita debido al renombre de sus protagonistas y la millonaria inversión en su realización. Pese a esto, la Academia le bajó el pulgar o, mejor dicho, se inclinó por otra producción, más sencilla, con un presupuesto mínimo de sólo 15 millones de dólres (el 10% del film de Brad Pitt)y demostró que "¿Quién quiere ser millonario?" una producción británica independiente filmada en la India, puede imponerse ante el poderío hollywoodense al obtener ocho de las diez estatuillas para las que se encontraba nominada, incluyendo mejor película.
En la tercera fecha de nuestro fútbol la premiación de los Oscars ya nos había resultado familiar. Un Boca impreciso, con figuras, con Bianchi dirigiendo los hilos desde arriba, cayó ante la contundencia de Lanús, un supuesto equipo menor, que tiene a la prolijidad entre sus máximas. Y otro de los tildados débiles, un conjunto novato en la categoría suprema, se regodeó en su tierra y venció a Arsenal, escalando sobre los favoritos que ahora observa desde la cima de las posiciones. Y, como si la "ogromanía" no hubiese teñido bastante ya de verde las tribunas de River, la esperanza se incrementó al vencer a Banfield sin que le sobrase nada más que esa dosis de protagonismo que lo ha ubicado en el centro de la escena de la historia futbolística nacional y que, pese al default que atraviesa y con escasas inversiones en el plantel, vuelve a promover el idilio con su público. Por eso, desde las luces y el glamour del norte americano hasta lo más austral del mismo, desde el pasado domingo surge una pregunta impostergable... ¿Quién (no) quiere ser millonario?

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