
Aseguran algunos filósofos que el hombre busca constantemente ser objeto de su propio estudio en busca de reconocimiento. Y si bien el fútbol no es habitualmente un campo donde la filosofía encuentre interrogantes, muchos especialistas del saber podrían encontrar múltiples relaciones en algunos aspectos del calcio que, parecen responder a esas ansias de reconocerse en los otros.
La designación de Diego Armando Maradona como director técnico de la selección argentina de fútbol ha provocado, seguramente, la adhesión popular y las más fervientes hurras de los fanáticos de este ídolo nacional. Sin importar la parcialidad a la que se encuentren identificados dentro de nuestra máxima categoría.
Ahora bien, ¿es productivo apelar constantemente a los pedidos de la masa en lugar de apostar a quienes buscan menos reconocimiento y más trabajo? ¿No lo demostró Bilardo ya, frente al descrédito del que gozaba antes de México '86? ¿No dio suficientes pruebas el mismo Bielsa al que por poco apedreamos al regresar de Japón-Corea allá por el 2002 y luego culminar exitosamente un ciclo al retornar con la medalla dorada de Atenas 2004?
¿Acaso las estadísticas no le otorgaron a Bianchi el suficiente mérito cuando estuvo dirigiendo las múltiples hazañas de Vélez y de Boca? ¿No goza Américo Gallego de similares logros en los distintos clubes en los que se hizo cargo de su conducción técnica?
El agradecimiento hacia "el Diego" de la gente no necesita reafirmarse en un poder ficticio. Sus gambetas no necesitan el sustento de la aprobación de un Julio Grondona diezmado por la incompetencia de sus transacciones de turno. De ninguna manera. No Don Julio, el clamor de los hinchas albicelestes y los trillones de papelitos que enmarquen la postal de Maradona entrando al monumental por primera vez frente al equipo que nos representa, no es sinónimo de clasificación. Así como la redención de la mirada popular no garantiza que dejemos de pensar en un repechaje con Australia (país al cual "el diez" tiene prohibida la entrada).
Debemos pensar positivamente y aventurarnos hacia el prometedor pronóstico que indicaría que, por nivel de jugadores, historia y roce internacional, Messi debería estar entrenando ya con los chitas en plena sabana sudafricana. Pero aún queda toda una rueda por disputar y varios predadores que sortear de este lado del mundo.
Ojalá que podamos disfrutar de triunfos con buen fútbol. O simplemente de triunfos que permitan sumar para llegar al territorio de Mandela.
Ojalá que así sea, para que el reconocimiento de Diego Maradona siga en lo alto y no se confunda con esta nueva función que le asignaron deliberadamente. Porque sino, estaremos enjuiciando a un ídolo y demonizando su talento. Y fue con ese talento funcional, por el que este hombre ya recibió el reconocimiento que merece.


